martes, 22 de febrero de 2011

La vida es un amanecer que atardece, en la isla mágica también.

Ellos lo saben y miraban ese atardecer juntos en la playa de arena roja, abrazados.
Pasaron la noche bajo las estrellas y los rayos del nuevo día recorrieron sus cuerpos desnudos, los rayos del sol se entremezclaban con las suaves líneas onduladas mientras el pecho jadeaba en una entrega total y los labios recorrían cada rincón sin cesar.

Con la luz llegó el éxtasis definitivo y el comienzo de un nuevo día.